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Guerras de letras no de bombas


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Ojalá algún día las guerras entre los seres humanos cuenten como única arma de destrucción el poder de las letras y de la imaginación.
Ojalá algún día se sustituya el arte de la guerra con sabor a muerte por el arte de inventar creativo.
Ojalá este ojalá sea escuchado y tenido en cuenta.

Como sombrero sin cabeza


Sombrero

Los pasos tranquilos por las calles mojadas de tu ciudad te conducen hacia ningún lugar en concreto. Simplemente paseas con las manos perdidas en los bolsillos del pantalón mientras la mirada busca algo que te llame la atención.
Una pareja que pasa junto a ti sonriéndose el uno al otro y te preguntas si pasados unos años la sonrisa seguirá en sus labios. Dos jóvenes que se besan bajo la sombra de un árbol, quién sabe si esa promesa de amor no será destruida con el paso del tiempo. Unos amigos sentados en la terraza de un bar conversan alegremente entre copas de cerveza y te ves entre ellos años atrás, en ese mismo sitio y te preguntas “¿Dónde estarán?”.
Sin saber muy bien por qué tus pasos se detienen ante un escaparate. Curiosamente el reflejo de tu figura en el cristal hace que coincida la cabeza con el sombrero expuesto en él. Es entonces cuando todo cobra sentido para ti. Lo dice la paradójica sonrisa que se perfila en tus labios y el cambio en tu mirada, como el que ha descubierto el por qué de todo aquello que le aflige.
Das media vuelta convencido del triste hallazgo a la vez que tus pensamientos no cesan de repetirlo, tal vez para que no lo olvides al llegar a casa y ser devorado por su oscuridad. “Como un sombrero sin cabeza en un expositor contemplando la vida pasar…”

El profesor


Liberty Bell

En ocasiones rememoro con cariño las clases de inglés del instituto. Fue en tercero de bachiller cuando decidí cambiarme a nocturno y allí conocí a uno de los mejores profesores del que, a pesar de la brevedad del tiempo en el que coincidimos, guardo un grato recuerdo.
Se puede decir que sus clases eran magistrales de principio a fin. Nada más abrir la puerta y aparecer tras ella era capaz de irradiar a toda la clase la alegría y el deseo de aprender. Su empatía con el alumno, la facilidad de conectar con cada uno de nosotros, el respeto y amabilidad de su trato, la metodología para impartir sus clases, todo eso y más hacía fluir como una suave balsa el proceso de enseñanza-aprendizaje. Además presumía de haber conocido al actor Rob Lowe, que en aquella época era un galán que traía locas a todas las chicas y nos enseñaba orgulloso su foto con él.
Siempre recordaré ese día, el día que al abrir la puerta esa luz que traía consigo había desparecido. Se sentó cerca de nosotros, como tantas veces había hecho, solo que esta vez todo parecía diferente. Con gesto conpungido, mirada triste y perdida su rostro era el fiel dibujo de la desilusión, de la decepción. Repasó con su mirada todos y cada uno de nuestros rostros como quien quiere grabarlos para el recuerdo y tras una larga espera comenzó a hablar.
Nos relató un suceso que después de escucharlo me llenó de indignación y amargura. El director del instituto, tras reunirse con el resto de profesores y la asociación de madres y padres le había comunicado que él no iría al viaje de fin de curso con los alumnos de C.O.U. ya que le habían acusado de ser homosexual. Así, sin más pruebas que la sospecha, sin más verdad que los rumores. Sus ojos se llenaron de tristeza, la tristeza que da sentirse solo, marginado, sin apoyos, decepcionado…
Fue la última vez que lo vimos. La siguiente clase fue suspendida debido a que estaban esperando la llegada del sustituto. Poco después nos enteramos de que había solicitado la baja por depresión y más tarde supimos que abandonó el instituto.
Sí es cierto que tenía digamos… cierta pluma, quizás por su educación exquisita a modo inglés, no sé, pero eso jamás nos importó, ni jamás lo comentamos. Sólo nos importaba lo bien que lo pasábamos en sus clases y el deseo de aprender.
Para nosotros, para mí, siempre fue, es y será el profesor.

El origen del mal


Serpiente

-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.

Serpiente

Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:

-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.

Fuente:

El origen del mal [Cuento. Texto completo.] León Tolstoi

El Hotel


Hotel

Ventanas cerradas que tan solo permiten perfilar siluetas en movimiento entre las sombras. Gemidos que arañan paredes llegando a la habitación contigua, donde la ejecutiva que viaja sola acaricia su cuerpo desnudo mientras imagina que es a ella a quien poseen con pasión.
Unas notas musicales vagan desde el piso de abajo confundiéndose entre el humo del tabaco y el golpe seco de una pistola sobre la mesita de noche. El cuerpo cansado que se deja desplomar sobre la cama al compás de la letra que él mismo traduce mientras cae: “¿Y qué has obtenido al final del día? ¿Qué es lo que te has llevado? Una botella de whisky y un montón de mentiras, las persianas echadas y dolor en la sien”.
Pisadas apresuradas recorren los pasillos entre risas y maletas cargadas de recuerdos que van y otras con ilusiones que vienen.
El aroma del café perfuma los momentos de pausada lectura y entre sorbo y sorbo la mirada se escapa a través de la ventana y todo parece ajeno, distante.
Y las historias continuarán impregnando las habitaciones del hotel.