El profesor


Liberty Bell

En ocasiones rememoro con cariño las clases de inglés del instituto. Fue en tercero de bachiller cuando decidí cambiarme a nocturno y allí conocí a uno de los mejores profesores del que, a pesar de la brevedad del tiempo en el que coincidimos, guardo un grato recuerdo.
Se puede decir que sus clases eran magistrales de principio a fin. Nada más abrir la puerta y aparecer tras ella era capaz de irradiar a toda la clase la alegría y el deseo de aprender. Su empatía con el alumno, la facilidad de conectar con cada uno de nosotros, el respeto y amabilidad de su trato, la metodología para impartir sus clases, todo eso y más hacía fluir como una suave balsa el proceso de enseñanza-aprendizaje. Además presumía de haber conocido al actor Rob Lowe, que en aquella época era un galán que traía locas a todas las chicas y nos enseñaba orgulloso su foto con él.
Siempre recordaré ese día, el día que al abrir la puerta esa luz que traía consigo había desparecido. Se sentó cerca de nosotros, como tantas veces había hecho, solo que esta vez todo parecía diferente. Con gesto conpungido, mirada triste y perdida su rostro era el fiel dibujo de la desilusión, de la decepción. Repasó con su mirada todos y cada uno de nuestros rostros como quien quiere grabarlos para el recuerdo y tras una larga espera comenzó a hablar.
Nos relató un suceso que después de escucharlo me llenó de indignación y amargura. El director del instituto, tras reunirse con el resto de profesores y la asociación de madres y padres le había comunicado que él no iría al viaje de fin de curso con los alumnos de C.O.U. ya que le habían acusado de ser homosexual. Así, sin más pruebas que la sospecha, sin más verdad que los rumores. Sus ojos se llenaron de tristeza, la tristeza que da sentirse solo, marginado, sin apoyos, decepcionado…
Fue la última vez que lo vimos. La siguiente clase fue suspendida debido a que estaban esperando la llegada del sustituto. Poco después nos enteramos de que había solicitado la baja por depresión y más tarde supimos que abandonó el instituto.
Sí es cierto que tenía digamos… cierta pluma, quizás por su educación exquisita a modo inglés, no sé, pero eso jamás nos importó, ni jamás lo comentamos. Sólo nos importaba lo bien que lo pasábamos en sus clases y el deseo de aprender.
Para nosotros, para mí, siempre fue, es y será el profesor.

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