La granja


Gallina

Yo nací en un pueblo situado en la Vega de Granada, a 4 km de la capital. Sobre los 3 ó 4 años de mi tierna edad mis padres se trasladaron a Barcelona y con ellos mi hermano y yo. La gente dice que es imposible que tenga recuerdos de tan temprana edad, pero los tengo, es cierto y no miento. Recuerdos, o pequeños fragmentos ya, de algo que solo yo he vivido, otros, compartidos con amigos o familiares.
Mis padres tenían un pequeño cobertizo en la casa con unas gallinas y algún conejo. Los padres de una amiga, de esas amigas que parecen que van a ser para siempre a esas edades, tenían cerdos y recuerdo los chillidos que emanaban de sus hocicos al ser sacrificados. Era, entonces, pueblo pueblo. Para mi era normal ver todo tipo de animales, incluido algún que otro bípedo.
Con mi llegada a Barcelona fui cosmopolizándome paulatinamente hasta llegar al punto que hoy, como mis hijos, solo veo animales de granja en el zoo. Mis hijos de vez en cuando van a alguna excursión que organiza el colegio a granjas de pueblos situadas en las afueras de la ciudad, donde la gente todavía vive por y para la ganadería. Supongo que se hace este tipo de actividades para que los críos no crezcan contestando a la pregunta “Niños, ¿De dónde viene la leche?” y respondan “Del supermercado”.
Quizás llegue ese día en el que lo demos todo por tan sentado que cuando veamos una foto de una gallina nos parezca un animal mitológico.

Avestruz

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6 pensamientos en “La granja”

  1. Ea! Otra que se suma! 😉 Ya ves que de raro tienes poco!
    Quizás llegue el día en que miremos a los ojos a un animal y sepamos porque así lo sentimos que somos únicos responsables de su sufrimiento y optemos por no perpetuar la masacre actual. Que ellos están para amarlos y cuidarlos. Quizás, entonces, podamos darles el valor merecido y no sea necesario ir al zoo a verlos enjaulados y enfermos. No sé… opiniones de una soñadora desde el cariño y el aprecio… Besos, José Manuel, y feliz semana! 🙂

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  2. Más o menos es lo que me pasó… Dejé de comer carne por salud, pero no fue hasta años después que me vino la conciencia, un día observando a un pescado, y sentí algo tan extraño que quise tocarlo, acariciarlo, y entonces fue cuando me sentí realmente mal y me dio tanta pena que no pude comerlo más. Por eso mi enorme respeto por ellos, pero de todas maneras, también soy de las que piensan que cada cuerpo es un mundo, y cada ser está en su momento (de lo que sea), a pesar de la pena por el trato que se les da.
    A mí me gustó la entrada. Un abrazo inmenso!!!

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  3. Poco a poco voy poniéndome al día con las lecturas, y así me he encontrado con esta bonita entrada que se me había pasado. Yo también tengo recuerdos de cuando tenía 3 años, pocos, pero los tengo. Que bueno que hayas podido tener esa experiencia de niño, y que guardes recuerdos, porque para quienes nacen y se crían en las grandes ciudades, y no tienen la suerte de tener un pueblo al que acudir de cuando en cuando…la verdad es que se pierden muchas buenas experiencias. Yo no tuve esa suerte, pero mis hijos sí que han podido disfrutar del pueblo de sus abuelos y que decir…se lo han pasado genial y desde luego sabían desde muy pequeños de donde salía la leche 😉 Un beso!!

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