Al soldado desconocido


Arlington ©2014 José Manuel Alabarce Páez
Arlington ©2014 José Manuel Alabarce Páez

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Salimos de madrugada de la estación de autobuses en Penn Station, situada al oeste de la ciudad que nunca duerme, New York.
Resultaba emocionante saber que íbamos cruzar 3 estados disfrutando del paisaje como en un road trip movie. Es algo que recomiendo si dispones de tiempo, volando llegas antes, pero te pierdes todo lo que el camino puede ofrecer.
Al llegar a Union Station en Washington DC y darte de bruces con la Campana de la Libertad (réplica) la primera sensación fue de ahogo, pero no por la majestuosidad de las vistas que desde allí se divisaban, sino porque a pesar de que estaba nublado la humedad era sofocante, agobiante. Hacer el recorrido a pie por el centro de Washington es algo que también recomiendo, sabiendo previamente qué quieres visitar, eso ahorra tiempo.
Cuando cruzas el puente sobre el río Potomac llegas al cementerio de Arlington, he de decir que previamente habíamos estado en el memorial a las víctimas del 11-S situado justo al lado del Pentágono. Tras pasar por la tienda de recuerdos accedes al cementerio de Arlington y es entonces cuando quedas atrapado por una mezcla de sensaciones difíciles de explicar. Grandeza, silencio, paz, respeto, belleza, historia… todo se agita en tu interior en un cócktel de armonía con aquel lugar. Y sí, allí estás, aunque a tu mente le cueste procesarlo, estás caminando entre las tumbas de personajes que han hecho historia, como los Kennedy, Robert MacNamara, la casa del general Robert E. Lee

Sobrecoge ver cientos de tumbas con tan solo un número. No es posible imaginar el dolor de todas esas familias llorando o recordando a sus seres queridos frente a una tumba vacía. Sobrevivir a los hijos es algo que va contra natura, quizás eso sea lo más difícil de aceptar. Desde aquí mi pequeño homenaje a ese héroe, de un bando o de otro, de un país o de otro. A esa persona que dejó su vida por unos ideales, o bien porque le obligaron a ir a una guerra que él no había iniciado. A esa persona que dejó una familia, unos hijos, un amor, una promesa, una vida por vivir, unos sueños por cumplir.
A ti, soldado desconocido, tu memoria no caerá en el olvido.

Arlington ©2014 José Manuel Alabarce Páez
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Arlington
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Arlington
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Arlington
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