Deteniendo el tiempo


Cantabria ©2010 José Manuel Alabarce Páez
Cantabria ©2010 José Manuel Alabarce Páez

Cuando conectas con un lugar lo sabes. Algo en ti se estremece y hace que tus pasos se detengan. Es como si quisieras seguir caminando, pero tus pies no obedecen, permanecen anclados mientras tu cuerpo duda y el corazón se acelera por un momento.
Entonces decides sentarte, da igual, sobre una roca, sobre la fresca hierba y comienzas a sentir una extraña sensación de relajación y de paz. Pasas a ser espectador privilegiado de un trocito de paraíso puesto ahí, para tu deleite.
Con la calma eres capaz de percibir y observar cosas que en otro estado serías incapaz de apreciar. Sonidos que suenan a notas musicales. El roce de la hierba meciéndose con suavidad de un lado a otro, perfecta bailarina que se deja llevar sobre una caricia. Las olas rompiendo en las rocas, queriendo escalar la montaña una y otra vez. Risas de críos que entonan a la perfección en un paisaje de merecida tranquilidad. Colores que calan en ti como un tatuaje.
Puedes ahora escuchar tu respiración, pausada, serena y te sientes con la suficiente fuerza como para detener el tiempo ahora, en aquel lugar. Pocas veces podrás hacerlo. Muchas las veces que lo dejarás escapar.

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17 pensamientos en “Deteniendo el tiempo”

  1. Me dejas sonriendo imaginando tu felicidad del momento…qué bonito! A mi me pasó algo parecido en la Cueva de los verdes, Lanzarote. Si hubiera podido me hubiera quedado allí por días y seguro no me hubiera entrado ni hambre. Ahora me pasa cuando miro fotos de Machu Picchu y me pongo a llorar sin saber por qué, pero queriendo pisarlo y sentirlo. Maravillosa descripción, mil gracias!!! Un abrazo fuerte!

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  2. No sé si eres consciente…pero has puesto mucha magia en este escrito, probablemente la que tú has sentido y que has sabido transmitir de una forma exquisita. Me has hecho rememorar situaciones en las que he podido percibir esas mismas sensaciones…GRACIAS 🙂

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      1. Que alegría que también hayas estado allí. El fuerte me gustó mucho! el fuerte, el malecón, un malecón interminable! Me quedé a vivir allí durante un tiempo, una experiencia maravillosa. Abrazos

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