La decisión


©2014 Josmanu
©2014 José Manuel Alabarce Páez

Cuando detuvo sus pasos imágenes de recuerdos comenzaron a aparecer como fantasmas poblando aquella solitaria calle. Idas y venidas entre saltos y risas, miradas de complicidad con el deseo de una caricia, el roce de un susurro, el olor de su pelo… Justo ahí, donde estaba ahora anclado, él cogió sus manos como el que trata de sostener la fragilidad de una esperanza, la miró a los ojos y sus corazones empezaron a palpitar apresuradamente. Ella deseaba escucharlo. Él quería detener el tiempo en aquel instante y fundir en su alma aquella mirada. Fue ahí, justo ahí, donde se prometieron amor eterno. La guerra, las penurias y el hambre hicieron que sus caminos se separaran. Él tuvo que marchar con sus padres a otro país, huyendo como tantos otros del horror y la muerte. Las cartas sirvieron para paliar la amargura de sus corazones impuesta por la obligada distancia. Letras de amor y pasión que poco a poco fueron dejando paso a la cruda realidad de la situación: la vida continuaba con o sin ellos. El frío fue apagando la llama y las letras se convirtieron en hielo hasta que dejaron de llegar. Más tarde él supo que ella se había casado con un ebanista, montaron su propio negocio y prosperaron. Tuvieron dos hijos y cuatro nietos. Una inesperada enfermedad la dejó viuda hace ya algunos años. Él, por su parte, conoció otras camas, otras pieles que acariciar, otros perfumes de mujer, pero ninguno como el de ella. Jamás se casó, ni tuvo descendencia. La resignación y el recuerdo fueron su única compañía. Tenía ya la edad de la muerte cuando supo al verse allí postrado que tenía que tomar una decisión: dar un paso atrás y dejar las cosas como estaban o caminar hacia aquella puerta y abrazar lo inesperado. El silencio fue roto por el sonido de una puerta al abrirse. La silueta de una anciana que conservaba la belleza que una vez albergó se dibujó ante él. No le importó que el agua de la lluvia mojara su pelo a medida que iba acercándose con pasos temerosos, como quien espera descubrir algo que ya sabe. Cada vez más cerca… y más, hasta que sus corazones volvieron a sintonizar en la misma frecuencia cuando se fundieron en un abrazo, ahí, en aquel justo lugar. El grito repetido de “¡Mamá!” de una mujer recorrió la calle en busca de una respuesta que no llegó. Sus ojos otearon a un lado y a otro, pero solo vio frente a ella a una joven pareja de enamorados que la brindaron una feliz sonrisa y un beso en el aire.

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