Una leyenda


©2013 José Manuel Alabarce Páez
©2013 José Manuel Alabarce Páez

Cuenta la leyenda que al igual que la luna y el sol fueron condenados a no encontrarse, dos enamorados corrieron igual desdicha hace muchos siglos en las tierras frías y húmedas del norte.
El joven y apuesto príncipe Galadwyn, hijo de Arahan señor de las altas tierras conoció en su fiesta de cumpleaños celebrada en su honor al cumplir la mayoría de edad a la hija del señor de las tierras del sur, Nimran.
Nimram poseía la ternura de la inocencia y la mirada pura de las nieves vírgenes del fin del mundo. Galadwyn era fuerte, feroz guerrero y tan lleno de amor como estrellas hay en el cielo. El amor surgió en ellos con la primera mirada que detuvo el tiempo por un instante, afianzado con el suave roce encontrado de sus dedos. La sonrisa de complicidad seguida de la caída sonrojada de sus miradas lo confirmó.
Eran tiempos de conquistas, pactos y traiciones. Nardor, señor de las islas de fuego había asistido al evento con la intención de ofrecer a su hija Malaanfal, temerosa maga, a desposarse con el joven príncipe, para así formar una gran alianza que asegurara el dominio por mar y tierra frente a los ataques de los bárbaros de las tierras de poniente.
Ante la propuesta de su padre, Galadwyn se negó enérgicamente, pues su corazón ya había sido robado por la bella Nimram y sellado su amor eterno bajo el milenario árbol de la Verdad. La Luna fue testigo y la brisa el manto que los cubrió.
Malaanfal siguió la noche posterior a los enamorados que se dirigían hacia  las profundidades del bosque sagrado y pudo comprobar el amor tan verdadero que ambos se profesaban. La envidia comenzó a abrasar su corazón de carbón a la vez que la ira devoraba su oscura alma. Así que utilizó su poderosa magia maligna lanzando un terrible hechizo sobre ellos. Él se convertiría en piedras sobre aquel camino y ella en agua para cubrirle. Condenados a estar juntos sin estarlo. Sentir a su amada sin poder abrazarla, sin detenerse para besarla, en un bucle infinito.
Cuenta la leyenda, que la diosa del agua, conocedora de la historia a través del árbol de la Verdad, concedió a los enamorados una gracia. Cuando los dos desearan fervientemente con toda su alma, con toda su pasión, cuando ambos se necesitaran mutuamente como el latido a la vida, entonces, y sólo entonces el agua se fundiría en la piedra para no borrar ni olvidar aquel amor verdadero.
Muy pocos testigos han sido los afortunados de contemplar tan magnífica y emotiva muestra de amor. Un regalo que os traigo para que nadie olvide que el amor se manifiesta de muchas maneras y en cada una puede que haya una historia como esta. Una leyenda.

Anuncios

9 pensamientos en “Una leyenda”

  1. A veces me da mucha pena ver que, como todo desde hace ya tiempo, el amor tampoco está libre de corrupción, cuando junto con el respeto, debería ser la base de cualquier tipo de relación. Aunque traten de deshumanizarnos, a los que entendemos de valores y principios no nos van a convencer de nada que vaya en contra de lo que sentimos dentro. Vaya rollo te estoy contando hoy, eh? 😉 Pero es que da a pensar. Me encantó, y especialmente cuando dices que el amor se manifiesta de muchas maneras. Bonito! Un abrazo!!!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s